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La odisea de un hincha de Boca en el Pacaembú

Los hinchas de Boca coparon la pequeña tribuna en el Pacaembú Foto: Terra Argentina
Los hinchas de Boca coparon la pequeña tribuna en el Pacaembú
Foto: Terra Argentina
 
Hernán Varrone

Brasil siempre fue territorio hostil para los hinchas argentinos. El maltrato y la agresión son moneda corriente cada vez que un equipo nacional va a jugar un partido de Copa. Ayer, en el Pacaembú, lamentablemente no fue la excepción. Se palpaba que el ambiente iba a estar caldeado. El sentimiento antiargentino se sentía en cada esquina.



Los hinchas de Boca nos juntamos desde muy temprano en una plaza cercana al estadio. La mayoría no tenía entradas. Ese era el comentario de todos. Muchos, además, no querían decir que poseían tickets por miedo a que se lo roben.



Después de comer algo liviano por la zona, con mi grupo de amigos iniciamos la caminata hacia el estadio. La barrabrava, con Mauro Martín a la cabeza, decidió quedarse e ingresar pasadas las 19.



El camino por el residencial barrio Pacaembú fue complicado: los corinthianos nos tiraban petardos desde las ventanas. Nos gritaban de todo y amenazaban con esperarnos a la salida.



A medida que nos acercábamos la Policía empezó a realizar tortuosos cacheos. En el segundo cordón policial todo se desmadró. Empezaron a pedir que mostremos las entradas. Ahí empezó el caos. ¡Una gran mayoría eran falsas! Los policías querían detener a los que tenían esos tickets. Los forcejeos y los golpes estuvieron a la orden del día. Al verse desbordados empezaron a tirar gases lacrimógenos. Yo pude correr y pasar ese cordón, eludiendo algunos palazos de los policías.



A una cuadra del Pacaembú sorteamos otro control. Ahì empezaba la fila que se había formado para ingresar. La puerta era la 22. De dos metros de ancho. Una locura.



Por fin pudimos entrar. La tribuna estaba en un codo del estadio. La visión era bastante mala. Pero eso no nos importaba. Sólo nos importaba alentar a Boca.



A las 20 ya no entraba un alma. La fiesta era total. Los del Corinthians todavía no eran mayoría y nosotros "eramos locales".



Cantamos durante todo el partido, mas allá de que lo que venía desde el campo de juego no era lo mejor. Consumada la derrota nos queríamos ir enseguida. Vimos la premiación. Y los jugadores de Boca se acercaron a nuestra tribuna a saludar.



Apenas liberaron la puerta el éxodo fue masivo. Nadie quería quedarse ni un minuto más. Cuando salíamos los policías se reían y nos cargaban por la derrota. La bronca acumulada era inmensa. Después de sufrir maltratos durante todo el día, perdimos la Copa Libertadores y encima tuvimos que bancarnos calladitos las burlas.



Una experiencia (in)olvidable. Sólo recomendada para hinchas muy fanáticos dispuestos a todo.

Terra